Los argentinos leen cada vez menos

Cristina Mucci

Viernes 29 de enero de 2010
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Las ferias del Libro son un éxito, pero la venta de obras de autores argentinos no, salvo excepciones. La escritora y periodista Cristina Mucci, conductora del programa Los siete locos, una de las personas mas autorizadas en el tema, analiza el porque de esta contradiccion. Tambien explica el comportamiento de los lectores argentinos.

A la escritora y periodista Cristina Mucci le molesta que los argentinos hayamos dejado de leer. Informa:
–Las estadísticas dicen que los chicos argentinos leen menos de un libro por año, a diferencia de los chilenos o brasileños, que leen cuatro en ese lapso, o de los europeos, que leen ocho. Los fracasos estruendosos que sufren cuando tienen exámenes de ingreso en las universidades tienen que ver, en parte, con su poco apego al hábito de la lectura.
–¿Se puede hablar de un comportamiento medio del lector argentino? ¿Se puede saber qué leen y por qué dejan de leer?
–Eso de lector medio es una abstracción. Hubo una época (en la década del ’60) en que ese promedio de libro por persona era mucho más alto. El Centro Editor de América Latina, o Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) colocaban sus ediciones en las librerías y en los kioscos, y era frecuente que muchos personas leyeran más de diez libros por año.
–Había autores populares.
–Más populares que ahora. Pero, claro, la década del ’60 fue un fenómeno mundial, el del Mayo Francés del ’68, el del Di Tella en la Argentina; había un fervor cultural que luego algunos gobiernos se encargaron de reprimir.
–Pero, ¿teníamos un “escritor nacional”, alguien con quien el lector se identificara?
–Mmnnn… es difícil afirmarlo. Ernesto Sábato es hoy una suerte de escritor nacional. Pero no sé si lo es por sus novelas o sus ensayos, o porque es una especie de buena conciencia social, un referente ético insoslayable. No creo que muchos chicos, y tampoco grandes, lean Sobre héroes y tumbas. El último escritor popular fue Osvaldo Soriano, alguien que contaba historias con las cuales la gente se identificaba, alguien popular porque estaba muy cerca de la gente.
–Aníbal Troilo, ese músico inmenso, hizo un tango llamado Alejandra, basado en un personaje de esa novela de Sábato que usted menciona. Eso equivale a ser muy popular. Ahora, ¿desde que murió Soriano nadie tomó su lugar?
–Tal vez el Negro Fontanarrosa. La gente lo conoce más por sus personajes de historieta, como Inodoro Pereyra, el renegau, que por sus libros. Pero escribe muy bien y con toque popular.

Visitantes ilustres
A su programa (que hace un tiempo se intentó suprimir, y hubo una protesta popular tan grande que debieron dar marcha atrás) han ido, además de los creadores argentinos como el ya mencionado Sábato, eminencias mundiales como el portugués premio Nobel de Literatura José Saramago (La balsa de piedra), o el norteamericano Ray Bradbury, autor de Crónicas marcianas, El vino del estío y otras maravillas. Y el peruano Mario Vargas Llosa (La guerra del fin del mundo; La señorita de Tacna).
Generosa, Cristina invita también a autores noveles:
–Alguna vez, un por entonces jovencito Gabriel García Márquez deambulaba de editorial en editorial con su novela Cien años de soledad, y nadie se la quería publicar porque le decían que era muy mala. Y bueno, García Márquez, y Borges en su momento, y Bioy Casares, fueron escritores que recién empezaban. Hay que darles una oportunidad a quienes comienzan.
–¿García Márquez fue a su programa?
–No. Es una asignatura pendiente. Pero vos sabés que no le gusta dar entrevistas.
–Sí, cuando uno le pide un reportaje contesta: “Invéntalo, que los reportajes inventados son los mejores”.
–Sí, pero en televisión no podés inventar, el autor tiene que estar ahí y decir sus verdades o sus mentiras.

Los lectores
Los siete locos va en directo y muchos lectores llaman o dejan mensajes opinando sobre los autores, los libros, o el tema específico que se está tratando.
–Son gente muy culta. Eso diría que el lector argentino es muy culto, pero también muy escaso, algo así como una especie en peligro de extinción. Y también hay mentirosos.
–¿Por ejemplo?
–Pasa, con mi programa, y salvando las distancias, algo similar a lo que pasa con Macedonio Fernández o con Borges. Macedonio es un mito que inventó Borges, y casi nadie lo leyó, pero todos lo mencionan. Y todos mencionan a Borges, pero muy pocos lo leen. La vez pasada, una mujer me dijo: “¡Qué buena tu entrevista a Griselda Gambaro!” Pero sucede que me lo dijo un martes y el programa salía al día siguiente, el miércoles. Ella vio los avances, que anunciaban el reportaje. Y me lo elogió como si lo hubiera visto.
–La tradicional chantada argentina.
–Eso que acabás de decir es injusto. Mentirosos hay en todo el mundo. De todos modos, se lee menos. Es como si hubiera un corte, una división entre creadores y lectores.
–¿Y qué provoca ese corte?
–Varias cosas. Las dictaduras y la crisis económica fueron culpables de parte de ese corte. Y los autores que tratan temas ajenos al sentir de los argentinos, también son culpables. Fijate que, de un tiempo a esta parte, se han puesto de moda libros de divulgación histórica. Se venden mucho, porque el lector argentino quiere saber quiénes fuimos, quiénes somos. El lector quiere saber cómo somos, qué nos pasa, por qué el país está como está, por qué y cómo llegamos a la situación actual que estamos viviendo, a la crisis. Y también quiere saber si hay salida. Pero no es un lector masivo. Son pocos.
–¿Qué se puede hacer para que eso cambie?
–Si lo supiera ya lo hubiera intentado. El del abandono de la lectura es un fenómeno raro, porque los argentinos ven mucho
cine, buen teatro, ópera, conciertos, pero no leen buenos libros.
–Cuando dice “buenos libros”, ¿está pensando en El ruido y la furia, de Faulkner, o en el Ulises de Joyce?
–No, no, no. Esos libros requieren una gran preparación previa, un gusto muy refinado. Son muy complejos. Pero en la Argentina tenemos buenos novelistas, buenos poetas, que no son tan complejos y tampoco los leen. Lo alarmante es que la gente no se reconozca en sus autores, que haya un divorcio entre creadores y lectores. Hay autores importantes que los leen ciertos círculos, no todo el mundo. Hay excepciones, y son los libros de confesiones, las novelas históricas (en esto último se ha abusado un poco). Entonces, aparecen libros como Mamá, de Jorge Fernández Díaz, que cuenta la historia de su madre gallega inmigrante y todo lo que le ocurrió en la Argentina, y es un éxito porque muchos argentinos se identifican con el autor. A la gente le gustan los libros en donde se pueda reconocer. Y el escritor que trata esos temas, se convierte en la voz de todos, en la conciencia de todos, en la memoria de todos. Pero son hechos infrecuentes. Hay que conseguir que la gente se acerque a sus autores, pero los autores también tienen que hacer lo suyo.


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http://www.revistanueva.com.ar/numeros/00720/nota03/#subir

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